A decir verdad, la ducha era un tanto estrecha, pero no tanto como otras en las que se había metido en su vida. Era de aquellas con puertas corredizas de vidrio esmerilado que cerraban en ángulo recto en la esquina izquierda. Se había metido hacía un par de minutos, con el agua ya encendida y se había mantenido ahí un momento, dejando resbalar el agua sobre su cuerpo, tibia y líquidamente. Mantenía la mano junto al nacimiento del hombro, como queriendo liberar tensión de este, mientras la lluvia de la ducha caía por el camino que trazaban sus dedos hasta su codo. Suspiró y se dijo en voz alta a sí misma:
Posts for: #Cuento Corto
Cierre
Detrás de la cristalera de aquella panadería, la vendedora limpiaba con el trapo el expositor de vidrio en el cual, hasta hacía una hora más o menos, se podrían haber encontrado los últimos bollos del día… pero la clientela había arrasado con todo, así que la limpieza se hacía más fácil esta tarde. Eso sí, ella se había reservado un par de los bollos, dejándolos encima de una bolsa de papel a un lado… Nada extraño; era costumbre en aquella panadería hacerlo.
La ventana
Llovía. La muchacha estaba arropada en su manta, sentada de piernas cruzadas sobre su cama, con una taza caliente de café filtrado que se había preparado hacía unos minutos. Una libreta con cubierta de dibujos florales reposaba a su lado, cerrada, con un bolígrafo colocado encima. Abrazaba la taza entre sus dedos, pensativa, mirando hacia fuera de su ventana. Chorros de agua caían del cielo y se volvían lágrimas que lamían el vidrio que separaba el rostro de la muchacha del frío exterior, pero no de su gris espesor.
La flor que no estaba marchita
En el barrio histórico de aquella ciudad hacía un sol brillante que evaporaba lentamente los rastros de la lluvia que se habian quedado de la noche anterior entre las hendiduras de los antiguos adoquines. Con paso decidido sobre esas mismas piezas de piedra centenaria, la muchacha caminaba con paso ligero, canturreando. De su brazo colgaba una cesta de mimbre llena de flores de todas las formas y de todos los colores.
Una cafetería
Era un mediodía de invierno, con sol. La cafetería se había vaciado de improviso después de haber acogido a varios grupos en sus mesas. Solo quedaba la chica de la mesa del fondo, absorta en un libro. Era un poco regordeta, con pelo larguísimo, de color castaño, y lucía una vestimenta sobria: un jerséi carmín de escote en pico, un pantalón negro de pitillo y unas botas negras de tacón discreto.